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Sé, y soy consciente de saberlo, que de lunes a viernes vivo encajada en unas reglas que me impuse a mí misma el día que empecé a trabajar. Tanto es así que con frecuencia afirmo que mi vida va de fin de semana en fin de semana y tiro porque me toca. También habitualmente me oirás decir que voy a empezar a hacer cosas entre semana, independientemente de la hora a la que salga de trabajar y de lo cansada que esté.

Bueno, pues aunque sé todo eso, aunque convivo con ello, aunque lo tengo más que asumido, a veces, cuando llega el fin de semana, me doy cuenta de los esfuerzos que hago durante toda la semana para ser una persona ordenada, con unos horarios para dormir, comer y trabajar, con unos hábitos como el de comer aunque no tenga hambre, o dormir aunque no tenga sueño, porque llega el fin de semana y… Adoro vivir anárquicamente!

Ayer me levanté a la una; hoy, a las dos. Ayer desayuné a la una y comí a las cuatro; hoy, desayuné a las dos y todavía no he comido. El viernes me acosté a las cuatro; ayer, a las tres.

Esta mañana mi madre me dijo: «Hay que ver, eh, hija… Vaya descontrol llevas el fin de semana en horarios…». Mi respuesta fue: «Sí, la verdad es que sí, y me encanta!!!».

Y es que así es como debería de ser: como cuando tengo hambre, duermo cuando tengo sueño, leo cuando quiero leer, trabajo cuando quiero trabajar, bailo cuando quiero bailar, lloro cuando quiero llorar, río cuando quiero reír, te llamo cuando te quiero llamar, me callo cuando me quiero callar, suspiro cuando quiero suspirar, paseo cuando quiero pasear, grito cuando quiero gritar, me emociono cuando me quiero emocionar, te beso cuando te quiero besar.

Buen principio de semana y, aunque solo sea durante unos minutos cada día, permítanse algo de anarquía con Uds. mismos! Sobre todo ahora que el gobierno va a… cambiar.

Una tarde para mí.

Publicado: noviembre 18, 2011 en Reflexiones cotidianas.-

Esta tarde he podido, por fin, hacer lo que me dio la gana.

Y entre lo que me dio la gana estuvo comer con un amigo a las 4 (y no a las 2) de la tarde; ponerme unas mallas grises con mis Converse azulitos, un foulard cualquiera y mi súper chubasquero azul eléctrico; tomar un café con el mismo amigo; cogerme un taxi con un novato al que el suegro convenció de que ser taxista era buena idea…; hacer cosas de chicas para estar más guapa; pasear (con las pintas descritas) por la calle Castelló, Goya, Velázquez, Serrano….; descubrir que la calle Castelló es ideal para comprar ropa de niños; cruzarme con un doble de Steve Jobs; mojarme con la lluvia; entrar en mi tienda favorita de ropa interior y salir con una bolsa….; cogerme otro taxi y, por fin, decirle al taxista que por el otro lado se llega más rápido…

Y ahora estoy en casita, en un rato cenaré una pizza y después… Bienvenida de soltera!

Sí, por fin ha acabado la semana!

 

El día que, como hoy, descubro que sé obtener placer de cosas sencillas, me siento taannn afortunada que me quedo dormida con una sonrisa.

Y es que se puede ser feliz  de tantas formas… Un paseo de vuelta a casa con una bolsa con huevos camperos y tomates de huerta en la mano; hacer la compra lentamente escuchando a Jason MRaz; mozzarella fresca para la ensalada con tomates «de verdad»; un solomillo de ternera increible para comer acompañado de un puré de patata casero; una copa de un buen rioja que me acompañe mientras cocino; el pijama; una crema nutritiva en la cara; dormirme antes de que den las 11 teniendo como último recuerdo Sympathique, de Pink Martini…

Señores, un día lo tiene la obrera…

Todo lo que nos gusta.-

Publicado: noviembre 16, 2011 en Reflexiones cotidianas.-

Acabo de escuchar «todo lo que nos gusta nos va a matar mañana», que es el principio de la canción «Todo lo que nos gusta» de Sidonie.

Y, para variar, me he quedado pensando en la idea.

Recuerdo perfectamente cómo a los 18, a los 20 años, la idea de dañar mi salud con el tabaco ni se me pasaba por la cabeza o bueno, miento, solo pasaba por mi cabeza cada vez que alguno de mis padres, cigarro en mano, me decía que tenía que dejar de fumar, o cada vez que los padres de Mou me preguntaban: «Qué? Cuándo lo dejamos?». El resto del tiempo fumar era lo mejor que podía hacer en… mi tiempo libre?! En cualquier momento!

Y es que cómo me gustaba fumar. Y cómo disfrutaba de determinados momentos fumando.

Me recuerdo nítidamente fumando en la ventana, en el balcón, en la calle esperando a alguien, en la puerta de la facul o de la biblio, en la cocina de la casa de mis padres, en el salón de mi casa, tomando un café, bebiendo una copa… Y es que cómo me gustaba fumar.

Recuerdo que durante mucho mucho tiempo no sentí que el tabaco me estuviese haciendo daño alguno. Recuerdo que en dos ocasiones (sí, dos), que fui a correr por la Alameda de Santiago tenía yo más resistencia que alguna no fumadora que llevaba al lado.

Recuerdo que fumar era una forma de conocer de gente, de charlar, de esperar acompañado (con un cigarro, por Dios!)…

Recuerdo, y esto es lo que más gracia me hace de todo, que para mí fumar era ser un poco mala. Y como era tan buena tenía una especie de necesidad de que algún vicio ocupase su lugar en mi vida. Me hacía sentir más macarra fumar y me gustaba. Recuerdo que me sentía genial cada vez que encendía un cigarro con esos aires de superioridad y de maldad entremezclados… ¡¡¡Si hasta lo cogía en plan «macho ibérico», como si fuera un porro, estilo Bardem en Jamón, Jamón…!!!

Y un día pensé que quizá ya había fumado lo suficiente. Pensé que el instituto y la facultad ya habían acabado y que quizá ya no tenía esa necesidad de aparentar ser macarra o mala o yo qué sé qué… Y quise dejarlo pero no pude. Y no me gustó no poder pero seguí fumando. No recuerdo las ocasiones ni los motivos que me llevaron a seguir haciéndolo pero seguro que su poder venía inmerso en algún razonamiento del tipo «es viernes… cómo voy a dejar de fumar un viernes???» o «jo, es que el mes que viene tengo esa cena y sin fumar no será lo mismo…» o «con el nuevo año» o » cuando cumpla… años…».

Y seguí, y seguí, y seguí.

Y cada vez se fue haciendo más y más impopular esto de fumar. Pero yo estaba enganchada. Y si a eso le sumas que me gusta fumar y que me moriré, yo creo, con ese gusto, pues qué quieres que te diga.

Y un día empecé a tener tos. Y un día a mi padre le prohibieron fumar el resto de su vida y lleva más de 5 años cumpliendo la orden.

Y un día fui a hipnosis y funcionó, pero solo a medias. Y una excusita como «lo he dejado con mi pareja, tengo que buscarme una nueva casa y volver a empezar» fue suficiente para volver, del todo.

Y un día mi madre dejó de fumar y ya han pasado 2 años. Y un día volví a pensar que esto de fumar ya no molaba. Y un día al gobierno se le ocurrió que fumar en los espacios públicos cerrado tampoco molaba. Y lo prohibieron. Y mis recuerdos de tomar una copa fumando (ojo, este dato es importante) se empezaron a difuminar. Y mis recuerdos de tomar una caña o un café piti en mano se volvieron cada vez más borrosos.

Y mi jefe dejó de fumar. Y mi jefe empezó a comerme la cabeza con lo malo que es el tabaco. Y por aburrimiento empecé a decirle que en agosto lo dejaba. Una y otra vez. «Que síiiiiiiiiii, que en agosto lo dejooooooooo».

Y lo dejé.

Y el día 19, si llego y todo va bien, llevaré tres meses sin fumar.

Y sé que no es mucho pero estoy taaaaaaaaaannnn orgullosa que me apetecía contarlo.

Y, cuidado, a lo mejor vuelvo a fumar. Sí, es probable que lo haga. El día en que al tabaco le cambien el sabor y sepa, yo qué sé, a marihuana! Porque ahora mismo, lo que se dice ahora mismo, pienso en fumar un cigarro normal y corriente de esos que venden en los estancos, hechos o para hacerte tú mismo, y me muero del asco!!!!

En fin, que todo esto venía a que me mola ver cómo vamos creciendo, cómo vamos cambiando de punto de vista sobre algunas cosas (y no sobre otras) y cómo lo que en su día me gustaba y me podía matar mañana ya no lo hará (o sí pero no me habré empeñado en que lo haga…).

Bueno, bueno, bueno… Vaya parrafada! Y todo para decir que me mola mucho mucho tomarme mis cerves de lunes a jueves, y mis cubalibres viernes y sábados……… Llegará un día en el que también decida que el alcohol daña…, mmmmmmmmm…, el hígado, y deje de beber!!!???

Por si las moscas, me voy a poner a buscar un nuevo vicio… Porque alguno tendré que tener! Se admiten propuestas…

Sí, hoy lo haré.

Publicado: noviembre 15, 2011 en Microrrelato.-, Reflexiones cotidianas.-

Solo he visto uno. De todos los que hay solo uno. Quizá sea una estrategia. Quizá no. Tal vez quiera aparentar que. Tal vez no. ¿Y si acierto? ¿Y si me equivoco? ¿Y si, como dice aquel, por idiota me pasé de lista? Puede que sea verdad. Puede que sea mentira. Puede que tenga razón.

Hoy volveré a verle. Lo sé. Siempre lo hago. Siempre está ahí. En el mismo sitio. No sabe que le miro pero casi siempre lo hago. Porque hace que me pregunte cosas. Porque hace que piense.

Las atmósfera cambia al pasar por allí. Pocas cosas/animales/personas consiguen que eso ocurra.

Hoy volveré a verle. Lo sé. Siempre lo hago.

¿Y si no? ¿Y si hoy no está? ¿Y si ya no vuelvo a verle?

Hoy le diré que le veo todos los días. Hoy le diré que la atmósfera cambia cuando paso por allí, que hace que me pregunte cosas, que me hace pensar.

Sí, hoy es el día.

Sí, hoy lo haré.

Ayer me enfadé mucho. Y hoy, desde un respeto que ayer no concebía, quiero explicar por qué.

Las razones fueron dos, muy distintas pero muy relacionadas.

La primera de ellas es que no soporto ver cómo determinadas personas se creen con el derecho de tratar mal (entiéndase «mal» como de forma despreciativa, con formas inadecuadas, con una altanería de todo punto improcedente) a la gente mayor (entiéndase «mayor» como personita de avanzada edad que por -x- razones necesita algo más de ayuda que otras personitas con menos años).

No es que no lo soporte: es que me pone enferma.

Y ayer me puse enferma.

La situación era la siguiente: supermercado, 21.00 horas, señora de unos 55 años resabidilla preguntando dónde estaba no sé qué… Ok, hasta aquí todo bien. Acompañaba a esta señora y arrastraba una cesta de la compra, un hombre de unos… 85 años??? que en la otra mano llevaba un bastón sobre el que apoyaba cada paso que daba arrastrando la cesta.

Pues bien, este hombre de 85 años???? que estaba a las 21.00 horas en un supermercado cargando una cesta ya había visto lo que la mujer de 55 no encontraba y, cuando se disponía a alcanzarlo, la mujer, en un tono de esos que provocan unos fortísimos impulsos de dar un bofetón sin mirar a quién le cae, le dice: «Quieto, eh… Quieto…». A ese comentario le acompañó una cara de asco que bien merecía una patada en el culo.

Porque me considero una persona pacífica, me limité a ponerle cara de culo a la mujer hasta que me la vió yv a, posteriormente, mirar con cara compasiva al hombre que seguía sujetando su cesta de la compra.

Me fui indignada. Sí, eso es: indignada. Cada vez me gusta más esa palabra.

¿Que cuál es la segunda cosa que provocó mi enfado? Vamos a ver. Porque Ud. sea una personita de avanzada edad no se ha convertido en una especie de divinidad que merezca todos mis respetos y alabanzas. No, señor. Distingamos. Ud. se merecerá todos mis respetos si se los merece, y se los merecerá por las razones que sean y que nunca nada tendrán que ver con su edad, al menos no de forma categórica.

Es decir, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, me resulta absolutamente indiferente que Ud. «solo» lleve tres cosas y yo, como Ud. bien se encargo de puntualizar, seis, esto es, el doble. Me resulta absolutamente indiferente, repito, o, en otras palabras, me la trufa. Y me la trufa, me la suda, me la sopla, independientemente de que tenga Ud. 70 años, porque está Ud. como una rosa, porque puede estar de pie media hora dándole al pico sobre la vecina del segundo, porque puede agacharse hasta el infinito para conseguir un pan con una fecha de caducidad más larga, porque se pasa una hora en la peluquería del barrio rígida como una escoba para que las mechas queden a su gusto, porque no me gusta que se rían de mí, porque a mi tampoco me place esperar una cola para, encima, pagar.

Así que no, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, no me diga que seguro que soy una indignada de esas, que vaya mala educación, que la juventud de hoy en día está perdida, porque lo que pasa, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, es que tiene Ud. un morro que se lo pisa.

Así que tan pichi que me quedé allí, dándole la espalda, haciendo que su espera durase unos minutos más que la mía y sintiéndome la más respetuosa de las indignadas porque en algo sí tenía razón, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, indignada estoy un rato.

En fin, ayer me enfadé, y mucho. Y mira que yo no soy de esas que se enfadan pero, ya ves, todos tenemos días…

Karma.-

Publicado: septiembre 2, 2011 en Microrrelato.-, Reflexiones cotidianas.-
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Creo que nunca en mi vida he usado esa palabra hasta hoy. Bueno… Tal vez sí, quizá alguna vez de broma y haciendo alusión a algo que utilizando la palabra «karma» sonaba más cool… Desde luego lo que nunca había hecho hasta hoy había sido escribirla. Eso seguro, vamos.

Bueno, pues el caso es que acabo de llegar a casa. Del cine. Y he venido pensando: «No quiero encontrarme a nadie, no quiero hablar con nadie. No. No quiero que nadie influya en mi karma». Sí, sí. Ahí está. KARMA.

Cuando lo pensé, cuando pensé en la palabra karma, pensé como un nivel por encima y a su vez pensé: «Vaya palabra. Cuántas veces la habrás escrito en tu vida…».

Bueno, a lo que iba. Que acabo de salir del cine. Es viernes. Vienes night. Y me he ido al cine. Sola.

No quiero recalcar lo de sola porque lo cierto es que ya lo había hecho alguna que otra vez. Pero sí quiero recalcar el KARMA.

Porque las otras veces, cuando he ido sola, pues no me he sentido mal. Joder, tampoco es para tanto, no? Sí, sí tengo amigos. Parece que todo el mundo te mira como si fueses un bicho raro. Porque vas al cine solo! Mira que no habrá razones para mirar a alguien como si fuese un bicho raro!

Bueno, el caso es que hoy fui convencida de que no era ningún bicho raro. Vamos a ver, Sabela, vas al cine sola porque te da la real gana. Porque has salido del despacho a las 9 de la noche. Porque no te apetece hablar con nadie. Porque no te quieres encerrar en casa ya que llevas todo el día encerrada. Porque te mueres por ver una peli de esas que cuando vas con grupo de amigAs pareces ñoña. Así que, puestos a parecer ñoña, me voy yo sola. Y a ojos de los demás ya no soy ñoña, sino un bicho raro.

Y qué he visto al final… Pues Lo contrario al amor. Y claro, creo que de ahí sale mi euforia. Perdón, mi KARMA.

Un segundo.

RAE

karma.

(Del sánscr. karma, hecho, acción).

1. m. En algunas religiones de la India, energía derivada de los actos que condiciona cada una de las sucesivas reencarnaciones, hasta que se alcanza la perfección.

2. m. En otras creencias, fuerza espiritual.

Bueno, pues bastante encaminada que iba yo.

Pensé eso. Pensé que no quería encontrarme a nadie ni hablar con nadie ni que nada me llamase la atención de camino a casa porque quería conservar ese KARMA tan especial. Positivo, por supuesto. Sin saber muy bien por aquel entonces lo que significaba KARMA.

Y nada, acabo de llegar a casa. Estoy sentada en la mesa de la cocina escupiendo todo esto antes de que mi KARMA cambie.

Y es que ya me lo dijo el horóscopo hace unos días: «estás antes un gran cambio así que abre bien los ojos». Cuidadín los Leo… Y ya me lo dijo el iraní hace exactamente 14 días: «el paso que estás dando es muy grande, Sabela. Aprovéchalo. Cambia todo lo que siempre quisiste cambiar y permanece».

Y aquí estoy. Con este KARMA extraño. Positivo, of course.

Y salí del cine pensando: «el bicho raro se lo ha pasado de pm!!!!», «qué alegría volver a ver a Hugo Silva!», «qué suerte tienen algunas» (sí, sí lo digo por vosotras dos), «la verdad es que Álex Barahona es mono pero… No sé…», «jo, qué buena temperatura hace…», «la verdad es que Madrid no es tan horrible…», «y mira estos niños… claro… es que es viernes, abuela… se van de botellón…», «y yo que a gusto voy a pillar la cama…», «qué buena es esta canción de Bunbury…», «te perdí a conciencia… y tanto!!!!», «ayyyyyyyy, que no me encuentre a nadie…», «no quiero hablar con nadie…», «no, no, no quiero que nada influya en mi KARMA» _ (nivel dos)_ «»vaya palabra. Cuántas veces la habrás escrito en tu vida…». Y llegué a casa riendo. Después de pasear, aunque no por la playa, sonriendo.

Pienso…

Publicado: julio 28, 2011 en Reflexiones cotidianas.-, Siempre tú.-

Oficialmente me quedan dos días para irme de vacaciones: hoy y mañana.

Extraoficialmente he de reconocer que vendré al despacho lunes y martes de la semana que viene… Tengo esa extraña necesidad de comprobar que todo queda en su sitio, que las cosas que voy a olvidar en el mes de descanso que se acerca cada vez más están debidamente apuntadas, que nada urgente o importante está sin hacer…, bla bla bla… Workalcoholic lo llaman algunos…

Y entonces, desde hace unas semanas, solo pienso en el día 3… En coger el coche que he alquilado y largarme… Pienso en abandonar esta ciudad, en perderla de vista, en olvidar su calor, su estrés, su agobio, sus malas vibraciones, sus recuerdos estúpidos, sus dolores, sus fantasmas, sus borrones… Pienso en la cuenta nueva…

Pienso en la sensación de libertad que me dará bajar mi maleta al portal, parar un taxi, decirle que me lleve a la oficina de alquiler de coches, hacer los dichosos trámites y decir: «Adiós!!!!!! Me voy de vacaciones!!!!!!». Entonces cogeré ese cochecito que me recordará a mi amiga Marta y a quien fue víctima de sus hierros hace poco tiempo, y… Voilà!!!!! Au revoir, Madrid!!!!!!

Pienso en coger la A6, esa carretera que tan buenos momentos me hizo vivir, en poner la radio a todo volumen durante unos segundos (siempre me hace ilusión hacerlo, pero solo los aguanto eso, unos segundos…) y decir «Ueeeeeeeeeeeeeeee!!!!!! Al finnnnnnnnn!!!!!!!!!!»

Pienso en prestar atención al carril central… Estará abierto???? Quizá no… Porque el día 3 no se va nadie… Solo yo porque tengo esa extraña necesidad de…

Pienso en ese bar de carretera… En los camioneros… En la cara del señor que me preguntará: «Qué? Por fin vacaciones, no???». Y pienso en mi sonrisa… O en mis ojos sonriendo… Porque tendré la boca llena de un trozo de bocata de lomo con queso y no podré articular palabra…

Pienso en volver a coger el coche… En pasar por Orbita… Seguro que esta vez ya no me sube esa cosa rara por el estómago al ver el cartel… Quizá esta vez paro… Nunca lo hice con él. A lo mejor es que tenía que hacerlo sola… Y cuántos km me quedan… Qué importa!!!???!!! Estoy de vacacionessssssss!!!!!!!

Pienso en ese cartel azul que anuncia la llegada a mi tierra… En ese puente que se ve a lo lejos… Pienso en todo el verde que me rodeará y en esos fantásticos acantilados…

Pienso en llegar a Lugo… En pasar por delante de la oficina de mi padre y recordar… Y en subir esa cuesta, ver la estación de tren de reojo, seguir subiendo y encontrarme la muralla que tanto me gusta y tan poco visito…

Pienso en llegar a mi casa, y volver a olerla, y volver a sentir que es mi casa… Y pienso en pensar que solo una hora y media me separa de mi querido Ribadeo,  de su tranquilidad, de horas de charlas, de horas de playa, de horas de cañas y copas, de horas de buena comida, de horas de sol, de horas de mar, de horas de «nordés», de horas de saludos, de horas de reencuentros…

Pienso en esa paz interior que tanto necesito y que tan poco me ha acompañado en lo que llevamos de curso…

Me lo he preguntado muchas veces. Y no consigo hallar la respuesta.

Ayer llamé a una amiga para transmitirle mi energía, mi buen rollo, mis ganas, mi ilusión, mi fuerza.

Creo que es importante transmitir todo esto cuando lo sentimos, cuando lo tenemos, porque desaparece con tanta facilidad…

Hoy ya no es igual.

Y no me ha pasado nada.

Sencillamente estoy aburrida. Y el aburrimiento me quita energía, buen rollo, ganas, fuerza, ilusión.

Supongo que, simplemente, necesito irme ya de vacaciones.

Estamos a 20 de julio y es imposible tener los mínimos de existencia a un nivel medio que permita avanzar.

Como ha comentado una compañera de trabajo hace unos minutos, que dice tener el «síndrome del 15 de julio», de aquí a agosto se dedica a sobrevivir y luego ya volveremos a empezar…

Y es verdad. Se trata de sobrevivir.

Noto que me equivoco, que tengo que repasar las cosas, en vez de 5 veces, 10.

En fin, que tal vez mañana recupere la energía, el buen rollo, las ganas, la ilusión, la fuerza… O tal vez me desgaste un poco más. Pero, ¿qué importa? ¡¡¡¡¡Si en 7 días me voy de vacaciones!!!!!

Uy, ¡parece que con esta última frase he recuperado algo de energía y buen rollo!

De qué vale…

Publicado: abril 15, 2011 en Reflexiones cotidianas.-
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¿De qué vale soñar si tus sueños nunca se hacen realidad?

Basta ya de proyectar, de vivir de ilusiones, de tener fantasías que, por vagancia o pereza, nunca se llevan a cabo y que, sin grandes esfuerzos, pueden convertirse en realidades palpables como la vida misma…

Empecemos, pues.

Empecemos a crear, a sentir la maravillosa sensación de que algo que tan solo existe en mi cabeza se convierte en algo real para alguien más.

Empecemos a escribir para los demás y no solo para mí misma.

Porque al final, una carpeta roja, llena de papeles de todos los tipos, llenos de letras de todos los colores, solo sirve para poder pasar un dedo por encima y sorprenderme de la cantidad de polvo que pueden llegar a coger determinadas cosas en una casa… Porque al final solo sirve para ver que aquello que me decían cuando era pequeña de que mi letra cambiaría y dejaría de ser bonita era verdad…

Porque no es tan difícil llevar un sueño adelante.

Y uno de los míos es escribir. Me sienta bien. Es agradecido. Me calma. Me ayuda a aclarar mis pensamientos.

Así que por vosotros y por mí, empiezo un camino que quizá igual que empieza hoy, acabe mañana. O quizá no.