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Paz.

Publicado: julio 15, 2016 en Reflexiones cotidianas.-

Casi hace un año que no escribo nada aquí… Lo acabo de ver en la última entrada (hace 332 días…).

Y hoy me decidido pero para poca cosa, o mucha, según se mire…

Solo quiero decir que cuando te encuentras, el encuentro es maravilloso. Que cuando estás bien, de verdad, respiras y el aire llega a todas partes. Que no hay mejor estado que el que conlleva la aceptación. Y que todo marcha, a su ritmo, pero marcha, y eso es lo importante.

Estoy tranquila, estoy bien, siento esa paz interior que hacía tiempo que buscaba.

Pararse para volver a andar es necesario, imprescindible a veces, diría yo, y yo me paré y ya vuelvo a caminar.

En fin, que feliz viernes, y que como me dijo hace horas una persona que ocupó un lugar importante en mi vida hace 10 años, y que rescató un email que yo le envié hace 10 años, para, sin saberlo, recordarme mi esencia, cuidate, quiérete y disfruta.

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No sé si a vosotros os pasa. En mi caso, es una constante en mi vida: llegan etapas en las que leo y escribo sin parar; luego llegan otras en las que no hay nada que me dé más pereza en el mundo.

Bueno, pues llevaba un tiempo instalada en la segunda. Y de repente, no me preguntéis por qué, he vuelto a la primera.

Lo que pretendo con esta entrada, de forma breve (porque estoy sentadita en una terraza disfrutando de “De qué hablo cuando hablo de correr” y de un agua sin gas fría y una tapa de tortilla y croquetas de verdad) es transmitir que los libros y la escritura sientan bien.

Cuando cierro mi libretita marrón, llena de celo porque se estaba haciendo añicos de tanto pasearla en el bolso, o cuando hago una pausa en el libro de turno, normalmente lo hago con la misma sensación: no sé calificarla.

Es una sensación muy concreta que solo viene en estas dos situaciones. Pero me llena. Y habitualmente me hace sonreír.

Así que, conozcan o no esas dos etapas de las que les hablaba al inicio, lean! Escriban! Sienta bien! Es fantástico! Llena!

Sigo con mi agua sin gas fría… Y con mi libro y mi libreta… Ya no queda tortilla ni croquetas…

En algún momento de esta semana mi madre compartió en Facebook una noticia que contaba la situación vivida por una familia que tenía que desplazarse urgentemente en avión para que trasplantasen a un niño y que tuvo problemas con la primera compañía aérea por temas de protocolos de actuación.

Dejando a un lado en este momento mi opinión sobre los protocolos de actuación (alineada con el entorpecimiento que muchas veces provocan), la noticia me llevó, a pesar de lo triste de la historia, a reflexionar sobre la necesidad de las personas aun a pesar de la constante (y a veces peligrosa) evolución de las máquinas.

Y es que en este supuesto concreto fue una persona, seguro, la que dio un golpe sobre la mesa al tiempo que decía “a la mierda los protocolos!”.

La primera compañía aérea entendió, ajustándose a ese (dichoso) protocolo que como la familia se presentó en el aeropuerto sin billete y con menos de dos horas de antelación a la salida del vuelo que pretendían coger no era posible aceptarles sin tener en cuenta (malditas máquinas _las propiamente dichas y las que son algunas personas_) que la razón no era otra que una llamada de un hospital para que se personaran de forma urgente en un hospital a fin de realizar un transplante esperado desde hacía dos años por un niño de diez.

Así que la familia se tuvo que dirigir a otra compañía, con el mismo protocolo o parecido, en el que un ser humano pensante decidió, como dije antes, que “a la mierda los protocolos” y que la situación era lo suficientemente excepcional como para actuar con lógica y conciencia y subir a esa familia al avión.

Y entonces yo voy y me tranquilizo. Y pienso que las máquinas solas no servirán para nada. Porque una máquina no puede aplicar la lógica que manda la conciencia. Porque una máquina no puede ponerse en mi lugar ni el en tuyo cuando se trata de familia y de amor. 

Personas que a veces piensan que se están convirtiendo en máquinas… Vuelvan a ser personas del todo! Les necesitamos!!

Llega un momento en el que, cuando eres consciente de que tienes a gilipollas delante, no puedes seguir discutiendo… Porque ahí abajo, en la gilipollez, te ganan seguro…

 

Conducir de noche mola: hay menos tráfico y más compañerismo.

 

Siempre que conduzca de noche y pase por un peaje recordaré esa escena de Bar Coyote en la que el padre les pide a sus compis un homenaje para su niña bonita, y se monta un espectáculo de luz y color.

 

No hay que tener miedo a la segunda vez cuando la cagaste la primera. No puedes rayar un coche cada vez que entres en el garaje… 🙂

La fe.

Publicado: noviembre 30, 2013 en Reflexiones cotidianas.-
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Pocas muestras de fe tan profundas como la de los que estamos haciendo cola para comprar lotería en Dña. Manolita verás.

Y es que esto de la fe y la lotería va de la mano, oye.

Es curioso. Y para hacer un análisis del comportamiento humano tienes chicha de sobra.

Lo primero a estudiar es el sistema.

Es tal la cantidad de gente que viene a comprar aquí su lotería de Navidad que hay un sistema de control montado que impresiona.

Tú das la vuelta a la esquina y crees que en el primer hueco de gente acaba la fila. Pero no! Unas personas con chalecos amarillos organizan la fila y, dentro de ella, sus tramos. Esto va por tramos para i) permitir que la gente que quiere desplazarse de un lado q otro de la calle pueda hacerlo sin pedir permiso y ii) que los locales vecinos no sientan que sus puertas están blindadas por los futuros nuevos ricos madrileños.

Además, el personal amarillo grita, como si de un rebaño se tratara, “Doña Manolitaaaaaaaaaaaa”. Y entonces todas las ovejas sabemos que toca caminar para estar un poco más cerca de ese décimo premiado.

Y lo segundo a analizar son las personas. Podemos hacer dos grupos principales: el de los que forman la cola y el de los que caminan al lado. Y dentro de estos dos, varias divisiones.

Dentro del grupo que forma la cola nos encontramos con varios especímenes:

A) Aquellos que aprovechan la cola para acabar ese maldito libro.

B) Aquellos otros para los que la cola es un bar improvisado. Se reúnen con los amigos, charlan, y, como son varios, están perfectamente organizados para hacer acopio de bebida y comida que permita conservar el calor.

C) Luego están los que no quieren estar aquí y están. Esos son un coñazo porque te taladran la oreja y hacen que tu positivismo por llegar antes de que cierren decaiga por momentos.

D) También están los que aprovechan para llamar a ese amigo que todos tenemos que por teléfono se enrolla como si fuera la última vez q va a hablar x ese medio.

E) Y al anterior espécimen se une el de los que también llaman pero para saber qué terminación comprar. En serio crees q vas a llegar? Iluso!

F) Además te puedes encontrar con alguno que aprovecha para hacer un exhaustivo análisis de la arquitectura madrileña y de la microeconomía.

G) Por último (aunque podría seguir) estamos algunos como yo. Tarados.

En cuanto al segundo grupo, el de los que pasan alrededor, pues una vez más podemos hacer varias subdivisiones:

1. Hay un primer grupito de curiosos. Si se comunicaran entre ellos se ahorrarían saliva. Pero, claro, no se conocen. Cada 10 minutos aproximadamente aparece alguien que pregunta: “Disculpa, esta cola para qué es?”.

2. Cuando contestas, se abren tres subgrupos:

• El de los que se descojonan.

• El de los que se unen.

• Y el de los que se quedan sin habla.

El primero y el tercero son los más comunes.

3. Luego hay otro grupo de gente ajena a la cola que se dedica a informar a sus amigos turistas sobre que lo que está sucediendo. Pues más o menos como lo estoy haciendo yo aquí.

4. Además está el grupo de los que no saben que hay tramos. Y entonces pasan por el medio y… Te pisan. (Pues a mí me va a tocar la lotería y a ti no por pisarme, gilipollas!).

5. Y, por último, está mi grupo favorito dentro de los extraños: el de los que cantan como los niños de San Ildefonso. Más monos!!! No saben la de energía positiva que nos envían y lo que refuerzan nuestra fe cuando escuchamos… “Catorce mil trescientos doceeeeeeeeeee!!!!!!!! Cien millones de eurosssssssss”. Gracias. De corazón, gracias.

En fin, que esto es una aventura… Te dejo, que tengo que devolver una llamada de esas largas, y luego empezar a preguntar terminaciones…

Ea.

Un viernes de noviembre.

Publicado: noviembre 15, 2013 en Reflexiones cotidianas.-, Salud!

Por fin es viernes. Han sido dos semanas duras, pero ya han pasado.

Y, como siempre, la recompensa aparece.

Aparece en palabras de agradecimiento de una buena amiga que no atraviesa su mejor momento… Lo superaremos juntas… Te lo aseguro!

Llega en una caña, con Las Voces del Desierto, ese libro al que curiosamente no le puse fecha, y que no sé cuánto lleva en mi librería de “no leídos”. Y que tanto me revuelve por dentro y me hace pensar. Es un privilegio tener tiempo para leerte.

Viene con la conversación de unos chavales de pocos años que fueron juntos al cole, que se acaban de reencontrar (entre ellos y con uno de sus profes) después de mucho tiempo, y que hablar de arte con una facilidad que me deja pasmada.

También recibo la recompensa a través de un buen amigo al que ahora veo menos (pero que siempre llevo conmigo) y que me ha hecho un hueco en la noche de hoy.

También llegas con un “a ti” que en realidad significa “y tú”, pero sí… Nos entendemos!

Por último, vienes, recompensa, con la visita de otro buen amigo francés que ha cogido un avión para estar menos de 72 en Madrid. El Mercado de San Antón se sentirá honrado con tu presencia.

Gracias, vida!

A la vuestra!

Sabela.

A veces estás perdido… O perdiendo… Perdiendo las ganas… Perdiendo la ilusión… Perdiendo la esperanza… Perdiendo la cabeza… Perdiendo las razones… Perdiendo el norte… Perdiéndote.

Y entonces la vida da un golpe sobre la mesa. Y retumba. El sonido de ese golpe resuena en tu cabeza. Y hace eco.

Y despiertas. El despertar no es fácil. Así que échale huevos.

Pon la línea. Separa lo que vale y lo que no. Diferencia lo que importa de lo que carece de valor. Haz la lista de los pros y los contras. Saca la paja.

Sólo entonces, decide.

Tómate tu tiempo.

No hay prisa.

No hay presión.

Piensa en ti, en tus circunstancias.

Déjate llevar por lo que sientes, y no por lo que piensas. Déjate llevar por lo que sientes, no por lo que sienten. Déjate llevar por lo que sientes, no por lo que piensan.

Sólo entonces, decide.

Y decidirás bien.

Como dice Camus, la libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor.