Una tarde para mí.

Publicado: noviembre 18, 2011 en Reflexiones cotidianas.-

Esta tarde he podido, por fin, hacer lo que me dio la gana.

Y entre lo que me dio la gana estuvo comer con un amigo a las 4 (y no a las 2) de la tarde; ponerme unas mallas grises con mis Converse azulitos, un foulard cualquiera y mi súper chubasquero azul eléctrico; tomar un café con el mismo amigo; cogerme un taxi con un novato al que el suegro convenció de que ser taxista era buena idea…; hacer cosas de chicas para estar más guapa; pasear (con las pintas descritas) por la calle Castelló, Goya, Velázquez, Serrano….; descubrir que la calle Castelló es ideal para comprar ropa de niños; cruzarme con un doble de Steve Jobs; mojarme con la lluvia; entrar en mi tienda favorita de ropa interior y salir con una bolsa….; cogerme otro taxi y, por fin, decirle al taxista que por el otro lado se llega más rápido…

Y ahora estoy en casita, en un rato cenaré una pizza y después… Bienvenida de soltera!

Sí, por fin ha acabado la semana!

 

El día que, como hoy, descubro que sé obtener placer de cosas sencillas, me siento taannn afortunada que me quedo dormida con una sonrisa.

Y es que se puede ser feliz  de tantas formas… Un paseo de vuelta a casa con una bolsa con huevos camperos y tomates de huerta en la mano; hacer la compra lentamente escuchando a Jason MRaz; mozzarella fresca para la ensalada con tomates «de verdad»; un solomillo de ternera increible para comer acompañado de un puré de patata casero; una copa de un buen rioja que me acompañe mientras cocino; el pijama; una crema nutritiva en la cara; dormirme antes de que den las 11 teniendo como último recuerdo Sympathique, de Pink Martini…

Señores, un día lo tiene la obrera…

Todo lo que nos gusta.-

Publicado: noviembre 16, 2011 en Reflexiones cotidianas.-

Acabo de escuchar «todo lo que nos gusta nos va a matar mañana», que es el principio de la canción «Todo lo que nos gusta» de Sidonie.

Y, para variar, me he quedado pensando en la idea.

Recuerdo perfectamente cómo a los 18, a los 20 años, la idea de dañar mi salud con el tabaco ni se me pasaba por la cabeza o bueno, miento, solo pasaba por mi cabeza cada vez que alguno de mis padres, cigarro en mano, me decía que tenía que dejar de fumar, o cada vez que los padres de Mou me preguntaban: «Qué? Cuándo lo dejamos?». El resto del tiempo fumar era lo mejor que podía hacer en… mi tiempo libre?! En cualquier momento!

Y es que cómo me gustaba fumar. Y cómo disfrutaba de determinados momentos fumando.

Me recuerdo nítidamente fumando en la ventana, en el balcón, en la calle esperando a alguien, en la puerta de la facul o de la biblio, en la cocina de la casa de mis padres, en el salón de mi casa, tomando un café, bebiendo una copa… Y es que cómo me gustaba fumar.

Recuerdo que durante mucho mucho tiempo no sentí que el tabaco me estuviese haciendo daño alguno. Recuerdo que en dos ocasiones (sí, dos), que fui a correr por la Alameda de Santiago tenía yo más resistencia que alguna no fumadora que llevaba al lado.

Recuerdo que fumar era una forma de conocer de gente, de charlar, de esperar acompañado (con un cigarro, por Dios!)…

Recuerdo, y esto es lo que más gracia me hace de todo, que para mí fumar era ser un poco mala. Y como era tan buena tenía una especie de necesidad de que algún vicio ocupase su lugar en mi vida. Me hacía sentir más macarra fumar y me gustaba. Recuerdo que me sentía genial cada vez que encendía un cigarro con esos aires de superioridad y de maldad entremezclados… ¡¡¡Si hasta lo cogía en plan «macho ibérico», como si fuera un porro, estilo Bardem en Jamón, Jamón…!!!

Y un día pensé que quizá ya había fumado lo suficiente. Pensé que el instituto y la facultad ya habían acabado y que quizá ya no tenía esa necesidad de aparentar ser macarra o mala o yo qué sé qué… Y quise dejarlo pero no pude. Y no me gustó no poder pero seguí fumando. No recuerdo las ocasiones ni los motivos que me llevaron a seguir haciéndolo pero seguro que su poder venía inmerso en algún razonamiento del tipo «es viernes… cómo voy a dejar de fumar un viernes???» o «jo, es que el mes que viene tengo esa cena y sin fumar no será lo mismo…» o «con el nuevo año» o » cuando cumpla… años…».

Y seguí, y seguí, y seguí.

Y cada vez se fue haciendo más y más impopular esto de fumar. Pero yo estaba enganchada. Y si a eso le sumas que me gusta fumar y que me moriré, yo creo, con ese gusto, pues qué quieres que te diga.

Y un día empecé a tener tos. Y un día a mi padre le prohibieron fumar el resto de su vida y lleva más de 5 años cumpliendo la orden.

Y un día fui a hipnosis y funcionó, pero solo a medias. Y una excusita como «lo he dejado con mi pareja, tengo que buscarme una nueva casa y volver a empezar» fue suficiente para volver, del todo.

Y un día mi madre dejó de fumar y ya han pasado 2 años. Y un día volví a pensar que esto de fumar ya no molaba. Y un día al gobierno se le ocurrió que fumar en los espacios públicos cerrado tampoco molaba. Y lo prohibieron. Y mis recuerdos de tomar una copa fumando (ojo, este dato es importante) se empezaron a difuminar. Y mis recuerdos de tomar una caña o un café piti en mano se volvieron cada vez más borrosos.

Y mi jefe dejó de fumar. Y mi jefe empezó a comerme la cabeza con lo malo que es el tabaco. Y por aburrimiento empecé a decirle que en agosto lo dejaba. Una y otra vez. «Que síiiiiiiiiii, que en agosto lo dejooooooooo».

Y lo dejé.

Y el día 19, si llego y todo va bien, llevaré tres meses sin fumar.

Y sé que no es mucho pero estoy taaaaaaaaaannnn orgullosa que me apetecía contarlo.

Y, cuidado, a lo mejor vuelvo a fumar. Sí, es probable que lo haga. El día en que al tabaco le cambien el sabor y sepa, yo qué sé, a marihuana! Porque ahora mismo, lo que se dice ahora mismo, pienso en fumar un cigarro normal y corriente de esos que venden en los estancos, hechos o para hacerte tú mismo, y me muero del asco!!!!

En fin, que todo esto venía a que me mola ver cómo vamos creciendo, cómo vamos cambiando de punto de vista sobre algunas cosas (y no sobre otras) y cómo lo que en su día me gustaba y me podía matar mañana ya no lo hará (o sí pero no me habré empeñado en que lo haga…).

Bueno, bueno, bueno… Vaya parrafada! Y todo para decir que me mola mucho mucho tomarme mis cerves de lunes a jueves, y mis cubalibres viernes y sábados……… Llegará un día en el que también decida que el alcohol daña…, mmmmmmmmm…, el hígado, y deje de beber!!!???

Por si las moscas, me voy a poner a buscar un nuevo vicio… Porque alguno tendré que tener! Se admiten propuestas…

Sí, hoy lo haré.

Publicado: noviembre 15, 2011 en Microrrelato.-, Reflexiones cotidianas.-

Solo he visto uno. De todos los que hay solo uno. Quizá sea una estrategia. Quizá no. Tal vez quiera aparentar que. Tal vez no. ¿Y si acierto? ¿Y si me equivoco? ¿Y si, como dice aquel, por idiota me pasé de lista? Puede que sea verdad. Puede que sea mentira. Puede que tenga razón.

Hoy volveré a verle. Lo sé. Siempre lo hago. Siempre está ahí. En el mismo sitio. No sabe que le miro pero casi siempre lo hago. Porque hace que me pregunte cosas. Porque hace que piense.

Las atmósfera cambia al pasar por allí. Pocas cosas/animales/personas consiguen que eso ocurra.

Hoy volveré a verle. Lo sé. Siempre lo hago.

¿Y si no? ¿Y si hoy no está? ¿Y si ya no vuelvo a verle?

Hoy le diré que le veo todos los días. Hoy le diré que la atmósfera cambia cuando paso por allí, que hace que me pregunte cosas, que me hace pensar.

Sí, hoy es el día.

Sí, hoy lo haré.

Me acaba de dar la risa sola pensando en algo que dije la madrugada del domingo…

Sí, qué le voy a hacer… Hoy tengo el día espesito… No me apetece nada trabajar… Los tres borradores de demanda siguen a medio hacer… Me apetece escribir, sí, pero no sobre reclamaciones de cantidad consecuencia de incumplimientos contractuales… Ni sobre ejecuciones de sentencia que al imbécil de turno no le ha apetecido cumplir, para variar, claro…

En fin, que me acabo de reír sola, como decía, pensando en algo que dije el sábado por la noche, con una cara tremendamente seria (puedo imaginarla) y con una aplastante sensación de «lo estás haciendo otra vez».

¿Qué dije? «Ya soy mayorcita, así que, si no te importa, lo que me conviene lo decido yo. Jamás voy a permitirte que decidas por mí».

¿Por qué me acabo de reír? Fácil: siempre que he dicho eso y a continuación he tomado una decisión… Me he equivocadoooooooo!!!! Si bien es cierto que la primera decisión tomada después de pronunciar esas palabras fue pedirme otra copa, no es menos cierto que mi cuerpo (compuesto por cabeza y corazón) decidió algo más.

Así que, señores, les avanzo que la madrugada del domingo 13 de noviembre decidí, en resumidas cuentas, volver a equivocarme.

Sí, esta vez seré yo misma la que me diga: «Ya te lo advertí, Sabela, ya te lo advertí…».

Claves del amor¿? (I).-

Publicado: noviembre 14, 2011 en Amor se escribe sin hache.-

Conocer gente siempre mola pero mola especialmente cuando esa gente es extraña, cuando tiene pensamientos poco frecuentes, cuando es gente incansable que busca, busca y busca, cuando es gente que no debería morir nunca…

Es lunes, el cielo está blanco y no llueve. Pero hace frío.

El sábado conocí a dos personas. La verdad es que ya las conocía pero se comportaron como completos desconocidos.

Por eso ahora digo que conocer gente siempre mola pero mola mucho más cuando conoces a quien ya conocías de nuevo y consigue sorprenderte.

¿Será ésa una de las claves del amor? ¿Conocer todos los días a esa misma persona y que cada uno de esos días consiga sorprenderte…?

Seguiré investigando e informando…

Ayer me enfadé mucho. Y hoy, desde un respeto que ayer no concebía, quiero explicar por qué.

Las razones fueron dos, muy distintas pero muy relacionadas.

La primera de ellas es que no soporto ver cómo determinadas personas se creen con el derecho de tratar mal (entiéndase «mal» como de forma despreciativa, con formas inadecuadas, con una altanería de todo punto improcedente) a la gente mayor (entiéndase «mayor» como personita de avanzada edad que por -x- razones necesita algo más de ayuda que otras personitas con menos años).

No es que no lo soporte: es que me pone enferma.

Y ayer me puse enferma.

La situación era la siguiente: supermercado, 21.00 horas, señora de unos 55 años resabidilla preguntando dónde estaba no sé qué… Ok, hasta aquí todo bien. Acompañaba a esta señora y arrastraba una cesta de la compra, un hombre de unos… 85 años??? que en la otra mano llevaba un bastón sobre el que apoyaba cada paso que daba arrastrando la cesta.

Pues bien, este hombre de 85 años???? que estaba a las 21.00 horas en un supermercado cargando una cesta ya había visto lo que la mujer de 55 no encontraba y, cuando se disponía a alcanzarlo, la mujer, en un tono de esos que provocan unos fortísimos impulsos de dar un bofetón sin mirar a quién le cae, le dice: «Quieto, eh… Quieto…». A ese comentario le acompañó una cara de asco que bien merecía una patada en el culo.

Porque me considero una persona pacífica, me limité a ponerle cara de culo a la mujer hasta que me la vió yv a, posteriormente, mirar con cara compasiva al hombre que seguía sujetando su cesta de la compra.

Me fui indignada. Sí, eso es: indignada. Cada vez me gusta más esa palabra.

¿Que cuál es la segunda cosa que provocó mi enfado? Vamos a ver. Porque Ud. sea una personita de avanzada edad no se ha convertido en una especie de divinidad que merezca todos mis respetos y alabanzas. No, señor. Distingamos. Ud. se merecerá todos mis respetos si se los merece, y se los merecerá por las razones que sean y que nunca nada tendrán que ver con su edad, al menos no de forma categórica.

Es decir, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, me resulta absolutamente indiferente que Ud. «solo» lleve tres cosas y yo, como Ud. bien se encargo de puntualizar, seis, esto es, el doble. Me resulta absolutamente indiferente, repito, o, en otras palabras, me la trufa. Y me la trufa, me la suda, me la sopla, independientemente de que tenga Ud. 70 años, porque está Ud. como una rosa, porque puede estar de pie media hora dándole al pico sobre la vecina del segundo, porque puede agacharse hasta el infinito para conseguir un pan con una fecha de caducidad más larga, porque se pasa una hora en la peluquería del barrio rígida como una escoba para que las mechas queden a su gusto, porque no me gusta que se rían de mí, porque a mi tampoco me place esperar una cola para, encima, pagar.

Así que no, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, no me diga que seguro que soy una indignada de esas, que vaya mala educación, que la juventud de hoy en día está perdida, porque lo que pasa, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, es que tiene Ud. un morro que se lo pisa.

Así que tan pichi que me quedé allí, dándole la espalda, haciendo que su espera durase unos minutos más que la mía y sintiéndome la más respetuosa de las indignadas porque en algo sí tenía razón, señora de avanzada edad de ayer de la cola del súper, indignada estoy un rato.

En fin, ayer me enfadé, y mucho. Y mira que yo no soy de esas que se enfadan pero, ya ves, todos tenemos días…

Odio estas sensaciones… Dios. Las odio con todas mis fuerzas.

Vienen e invaden mi cuerpo… Y entonces mi mente se bloquea porque sabe que esas sensaciones van a traer recuerdos que preferirías no tener.

Es horrible. Tu mente se bloquea y se desbloquea. Y entonces, ahí estás: metida en la mierda.

Y recuerdas la mayor de las estupideces: cuando eran las 9 de la noche de un domingo cualquiera, tenías que ir a lavarte el pelo y le pedias unos minutos más de mimos en aquel sofá de piel blanca mientras veíais otro capítulo de Friends…

Y algo se revuelve en tus entrañas. Y cae la primera lágrima y detrás de ellas todas las demás que estaban ahí desde… Yo qué sé desde cuándo.

Esto tiene que acabar.

Ha pasado demasiado tiempo ya.

No puede seguir doliendo.

¿Por qué cuando quieres, quieres tanto?

Publicado: octubre 7, 2011 en Microrrelato.-

Quiero decir muchas cosas, decirte muchas cosas…

Yo no soy así… Quiero decir, yo no era así… Tú me enseñaste a mirar para mi ombligo.

Y empecé a pelear. Luché sabiendo lo que tú sabías. Mordí el polvo en más de una ocasión pero, como tú me enseñaste, volví a levantarme.

Y llegó un día en el que te volviste invisible, en el que te volviste inaudible.

Yo no soy así… Quiero decir, yo no era así…

Y ahora las consecuencias caen violentamente como las piedras de una ladera protegida por redes. Pero a ti y a mí no nos protege nadie.

La mezcla de sentimientos me provoca ganas de vomitar.

Yo no quiero esto, ésa es la verdad.

Y creo que tú tampoco.

Pero el orgullo prima en nuestros comportamientos.

Y creo que la estamos cagando.

Tú sobre todo, porque te vas a quedar sin nada. Tendrás que volver a empezar. Y no has vuelto a empezar nunca. Será tu primera vez.

Espero que recapacites. Aunque dudo mucho que lo hagas.

Yo soy joven y aún puedo decir eso de que «tengo toda la vida por delante». Tú no. La has cagado. Pero rectificar es de sabios y en algunas facetas de tu vida tú eres la persona más sabia sobre la faz de la tierra.

Yo no quería ganar ninguna batalla. Yo no quería guerras. De hecho, hace meses que ya no juego mis cartas. Rompí la baraja.

Pero tú decidiste apostarlo todo. Doble o nada. Y has perdido.

Quiérete. Quiérete algo. Perdónate. Y empieza a perdonar. No sé, haz algo. La amargura preside tu vida y te está matando.

Yo intenté que cambiaras pero de nada sirve que seamos los demás los que pretendamos tal cosa si tú quieres ir cayendo poco y arrastrando a los que no te gustan contigo.

Lo siento.

Y de todo corazón te deseo que consigas volver a ser feliz.

Creo que nunca en mi vida he usado esa palabra hasta hoy. Bueno… Tal vez sí, quizá alguna vez de broma y haciendo alusión a algo que utilizando la palabra «karma» sonaba más cool… Desde luego lo que nunca había hecho hasta hoy había sido escribirla. Eso seguro, vamos.

Bueno, pues el caso es que acabo de llegar a casa. Del cine. Y he venido pensando: «No quiero encontrarme a nadie, no quiero hablar con nadie. No. No quiero que nadie influya en mi karma». Sí, sí. Ahí está. KARMA.

Cuando lo pensé, cuando pensé en la palabra karma, pensé como un nivel por encima y a su vez pensé: «Vaya palabra. Cuántas veces la habrás escrito en tu vida…».

Bueno, a lo que iba. Que acabo de salir del cine. Es viernes. Vienes night. Y me he ido al cine. Sola.

No quiero recalcar lo de sola porque lo cierto es que ya lo había hecho alguna que otra vez. Pero sí quiero recalcar el KARMA.

Porque las otras veces, cuando he ido sola, pues no me he sentido mal. Joder, tampoco es para tanto, no? Sí, sí tengo amigos. Parece que todo el mundo te mira como si fueses un bicho raro. Porque vas al cine solo! Mira que no habrá razones para mirar a alguien como si fuese un bicho raro!

Bueno, el caso es que hoy fui convencida de que no era ningún bicho raro. Vamos a ver, Sabela, vas al cine sola porque te da la real gana. Porque has salido del despacho a las 9 de la noche. Porque no te apetece hablar con nadie. Porque no te quieres encerrar en casa ya que llevas todo el día encerrada. Porque te mueres por ver una peli de esas que cuando vas con grupo de amigAs pareces ñoña. Así que, puestos a parecer ñoña, me voy yo sola. Y a ojos de los demás ya no soy ñoña, sino un bicho raro.

Y qué he visto al final… Pues Lo contrario al amor. Y claro, creo que de ahí sale mi euforia. Perdón, mi KARMA.

Un segundo.

RAE

karma.

(Del sánscr. karma, hecho, acción).

1. m. En algunas religiones de la India, energía derivada de los actos que condiciona cada una de las sucesivas reencarnaciones, hasta que se alcanza la perfección.

2. m. En otras creencias, fuerza espiritual.

Bueno, pues bastante encaminada que iba yo.

Pensé eso. Pensé que no quería encontrarme a nadie ni hablar con nadie ni que nada me llamase la atención de camino a casa porque quería conservar ese KARMA tan especial. Positivo, por supuesto. Sin saber muy bien por aquel entonces lo que significaba KARMA.

Y nada, acabo de llegar a casa. Estoy sentada en la mesa de la cocina escupiendo todo esto antes de que mi KARMA cambie.

Y es que ya me lo dijo el horóscopo hace unos días: «estás antes un gran cambio así que abre bien los ojos». Cuidadín los Leo… Y ya me lo dijo el iraní hace exactamente 14 días: «el paso que estás dando es muy grande, Sabela. Aprovéchalo. Cambia todo lo que siempre quisiste cambiar y permanece».

Y aquí estoy. Con este KARMA extraño. Positivo, of course.

Y salí del cine pensando: «el bicho raro se lo ha pasado de pm!!!!», «qué alegría volver a ver a Hugo Silva!», «qué suerte tienen algunas» (sí, sí lo digo por vosotras dos), «la verdad es que Álex Barahona es mono pero… No sé…», «jo, qué buena temperatura hace…», «la verdad es que Madrid no es tan horrible…», «y mira estos niños… claro… es que es viernes, abuela… se van de botellón…», «y yo que a gusto voy a pillar la cama…», «qué buena es esta canción de Bunbury…», «te perdí a conciencia… y tanto!!!!», «ayyyyyyyy, que no me encuentre a nadie…», «no quiero hablar con nadie…», «no, no, no quiero que nada influya en mi KARMA» _ (nivel dos)_ «»vaya palabra. Cuántas veces la habrás escrito en tu vida…». Y llegué a casa riendo. Después de pasear, aunque no por la playa, sonriendo.

Publicado: septiembre 2, 2011 en Microrrelato.-, Reflexiones cotidianas.-
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